(Didn't want it to end Tried to slow down the motion So it could move us again)
El año pasado Brian Wilson –Beach Boys- publicó su, hasta ahora, último disco: Reimaginando a Gershwin. Reimaginar. Qué bonito. Implica que primero hubo que imaginarlo. Y ahora una vuelta de tuerca más. No creo que sea lo único, ni lo primero, que le haya tocado reimaginar en su vida
Guille, que de esto parece saber algo, lo explica muy bien aquí.
Este es el tema del que habla Guille, en directo, en dos versiones, para seguir el espíritu de su proyecto.
I had this dream Singing with my brothers In harmony Supporting each other Tailwinds, rear spin, Down the Pacific coast Surfing on the end Heard those voices again
Southern California Dreams wake up for ya And when you wake up here You wake up everywhere
In the flow of the ocean And the warmth of the rains Heard music in the air And in the waves The wind chimes, not to rhyme, We had nothing but time In Southern California I heard the voice of the line
Southern California Dreams wake up for ya And when you wake up here You wake up everywhere
Whoa, whoa, whoa it's magical Living a dream Don't wanna sleep You might miss something
Whoa, whoa, whoa, it's magical I'm glad it happened to me Nodded off in a bad dream, Woke up in history
Surfers in the West The sun ran into the sea As we headed home We drove into a movie Love songs, pretty girls, Didn't want it to end Tried to slow down the motion So it could move us again
Southern California Dreams wake up for ya And when you wake up here You wake up everywhere
Southern, Cali, fornia... (Whoa, whoa, whoa, it's magical) Southern, Cali, fornia... (Glad it happened to me)
Roll around in heaven all day, Lucky old sun Roll around in heaven all day, Lucky old sun Nothin' to do Roll around in heaven I'm workin' all day Roll around in heaven I roll around in heaven all day. Roll. Roll. Work. Work. A-workin' in the sun all day Work. Work. A-workin' in the sun all day
Lo he leído en el metro, en la cama antes de dormir, sentado esperando a que me atendieran en un banco, en alguna cafetería, en la cocina de mi casa de noche, sentado a la mesa en un restaurante de menú en Villena, en la mesa del profesor esperando a que entraran los alumnos para darles clase de PRL en un cooperativa agrícola.
Me encanta la descontextualización. En el caso que me ocupa no es difícil conseguirla. Conforme lo vas leyendo –siempre acompañado por su música en la jukebox de la memoria- te das cuenta del calado espiritual. Sí, espiritual; no hablo ya de poesía, de sus tropos y sus hallazgos, sino de su visión del mundo y de la vida.
Dormidos en el abrazo/ de la tierra/ mi vida y yo,/ y en la consulta al infinito/ un camino recto hacia la luz.
Soñando con el abrazo/ de la tierra,/ dormido en él./ Yendo y viniendo entre mi mundo/ y el otro que de todos es.
Le gustaba mucho la física y, en concreto, la astronomía. Hombre, mira tú qué cosas.
Publicado por Demipage. Impecable, como siempre. Este es el enlace al blog de la editorial donde hay reseñas interesantes acerca del libro. Por cierto, se titula ¿Y si pongo una palabra?
Los billetes de ida y vuelta salen más baratos. En principio, sólo, porque a veces uno no vuelve y entonces malgasta el billete de vuelta. Es un placer ver a James, Carole, Paul, y constatar que su regreso es rico; su viaje fue un proceso de enriquecimiento. No siempre es así; hay quien en el viaje se deja lo que le llevaba a viajar y cuando regresa da lástima verlo; seguro que todos tenemos en mente casos. También está quien no llega a volver porque la ida ya es destino final. Eva, la más talentosa con mucha diferencia de todos los citados, sólo fue, nunca regresó y, además, a quienes la admiramos siempre nos pareció que su ida era corta. Con 33 años llegó a su destino. Pero Eva no tenía 32 ó 33 en estas grabaciones; Eva es muy mayor y tiene toda una estirpe recorriendo sus venas, sus huesos y su –y ahí duele- piel, esa que unos meses después se la llevaría adonde nace el arco iris o a los campos dorados.
Partido final del campeonato de Europa, septiembre de 2009. Al descanso, 52-29 frente a Serbia. Pau, máximo anotador y reboteador del campeonato. Consecuencias: primer oro español en un Europeo. Foto.
Cuarto partido de la serie: Ricky y Navarro sumaron 40 puntos, cinco rebotes y cinco asistencias. Consecuencias: Madrid eliminado; Barca, a París. Foto.
De regalo, una de Juan Carlos en su pasado partido frente al Manresa. Veinticinco puntos y victoria en la prórroga. Foto.
No voy a ver la película. Tampoco a escribir mucho más de ello. Creo que no merece la pena. Quizás algún día caiga en mis manos pirateada y la vea, cual pasatiempos. Sólo así.
Y del video, me pregunto a quién se le ocurrió rodear a este hombre de ese trasunto de colegialas. Luego, viendo detenidamente las imágenes, ni trasunto, ni torres, ni abominaciones, ni nada. La presencia musical y física del negro es tan monumental que deja al grupo de chicas cual decorado sostenido por unas cuantas escuadras de madera de pino mala. Y la sexualidad de él es tan… no sé, ¿delicada, infantil, inocente?
Estas semanas ando escuchándolo mucho y tengo la sensación de que ve –paradójicamente- las notas musicales. Ese gesto suyo tan característico con la cabeza ligeramente levantada, como sonriendo, en realidad es una lectura en una inmensa pantalla donde todos los sonidos se le van representando nítidamente, desde niño, desde aquella cajita, neonato, donde el bebé ya sentía todos los ruidos a su alrededor, donde perdería la vista. Stevie nació pronto, antes de tiempo. Tenía tarea que hacer y no era cosa de demorarse más; con las prisas se le fue la retina: menudencias. A los once años ya estaba en la Motown. Y a los veintiséis grabó Songs in the Key of life. Así que cuando muchos años después se sienta junto a Tony en ese emperifollado teatro, el único que interpreta es Bennett, abrumado por la naturalidad y la envergadura del talento de su invitado. El de la armónica estaba de vuelta.
He aquí el poema de Jaime del que, por cierto, no me gusta el título. Por poner algún pero. Una nota más: esa diosa esbelta de tobillos gruesos de la que habla no era otra sino la hija de Carlos Barral, un día que fueron a la playa juntos. Fíjate qué cosas, sacar un poema como este de ver salir del agua a la hija de tu amigo más querido. Así no es de extrañar el título de la película…
Himno a la juventud
Heu! quantum per se candida forma valet! Propercio, II, 29, 30
A qué vienes ahora, juventud, encanto descarado de la vida? ¿Qué te trae a la playa? Estábamos tranquilos los mayores y tú vienes a herirnos, reviviendo los más temibles sueños imposibles, tú vienes para hurgarnos las imaginaciones.
De las ondas surgida, toda brillos, fulgor, sensación pura y ondulaciones de animal latente, hacia la orilla avanzas con sonrosados pechos diminutos, con nalgas maliciosas lo mismo que sonrisas, oh diosa esbelta de tobillos gruesos, y con la insinuación (tan propiamente tuya) del vientre dando paso al nacimiento de los muslos: belleza delicada, precisa e indecisa, donde posar la frente derramando lágrimas.
Y te vemos llegar: figuración de un fabuloso espacio ribereño con toros, caracolas y delfines, sobre la arena blanda, entre la mar y el cielo, aún trémula de gotas, deslumbrada de sol y sonriendo.
Nos anuncias el reino de la vida, el sueño de otra vida, más intensa y más libre, sin deseo enconado como un remordimiento -sin deseo de ti, sofisticada bestezuela infantil, en quien coinciden la directa belleza de la starlet y la graciosa timidez del príncipe.
Aunque de pronto frunzas la frente que atormenta un pensamiento conmovedor y obtuso, y volviendo hacia el mar tu rostro donde brilla entre mojadas mechas rubias la expresión melancólica de Antínoos, oh bella indiferente, por la playa camines como si no supieses que te siguen los hombres y los perros, los dioses y los ángeles y los arcángeles, los tronos, las abominaciones...
Dejo este extracto, a modo de glosa:
Jaime Gil de Biedma y la Tradición Clásica: evocación y apropiación
Gabriel Laguna Mariscal
Universidad de Córdoba (España)
En el poema «Himno a la juventud», de Poemas póstumos, Biedma traza, desde una edad ya madura, un apasionado elogio de la belleza y de la juventud. Describe una figura femenina, radiante al salir del mar, que constituye un trasunto alegórico de la Juventud y de la Belleza. El poema se cierra así (vv. 35-46):
Aunque de pronto frunzas 35
la frente que atormenta un pensamiento
conmovedor y obtuso,
y volviendo hacia el mar tu rostro donde brilla
entre mojadas mechas rubias
la expresión melancólica de Antínoos, 40
oh bella indiferente,
por la playa camines como si no supieses
que te siguen los hombres y los perros,
los dioses y los ángeles,
y los arcángeles, 45
los tronos, las abominaciones...
La caracterización del poder de la Juventud sobre todos los elementos animados de la naturaleza (vv. 43-46) nos recuerda nítidamente la descripción de Venus por Lucrecio, en De rerum natura 1.10-20. Pero lo que nos interesa ahora es que el poeta evoca en el v. 40 al joven Antínoo (nacido en Bitinia, alrededor del 110 d. C.), mancebo amado por el emperador romano Adriano. Se ahogó en el río Nilo en octubre del 130 y circuló la versión de que el ahogamiento había sido realmente un sacrificio ritual por la salud del emperador. Adriano lamentó extravagantemente su muerte: el joven fue divinizado, se fundó la ciudad de Antinópolis en recuerdo suyo y se decretó en su honor la erección de estatuas, así como la celebración de cultos y festivales.
Durante unos años le dio por hacer fotografías en el metro de N.Y. Las hacía de forma secreta, pues estaba -y está- prohibido. Teniendo en cuenta que el tamaño de las cámaras de entonces no era precisamente pequeño, hay que imaginárselo con el artefacto pegado al estómago, la camisa ligeramente abierta en el momento preciso y el disparador bajándole por la manga hasta la palma de la mano. Luego, recortaba el encuadre hasta conseguir que sólo quedara lo que le interesaba, habitualmente el busto; ese era el único retoque que se permitía. Su serie de minúsculos retratos en el subterráneo, como un mismo tema con variaciones, se adelanta a Warhol tres décadas. Pero no es exacto esto: no es que se adelante, es que abre caminos. Todas las tomas anónimas de aquellos años permanecieron inéditas hasta que trascurrió el tiempo suficiente para que su publicación no supusiera problemas legales. Es lo que tiene abrir vías.
New York subway portraits, 1938-1941
En 1932 viaja a Cuba e ilustra con sus fotografías de aquella Cuba dictatorial, sucursal estadounidense, el libro del que posteriormente sería su amigo, Carleton Beals.
Aquel veinteañero estadounidense de principios del siglo pasado viaja a París con la intención de convertirse en escritor. Un viaje tan iniciático como devoto: de allí eran sus ídolos, aquellos genios a los que parecerse. Veinte años y un objetivo. En un modusoperandi que hoy ya no existe, no pocos estadounidenses viajaban y se instalaban en las fuentes de donde manaba su admiración. Francia en concreto, y Europa en general, eran testigos de esta forma de acercamiento y conocimiento.
Walker quería ser Baudelaire. Quería llegar con la escritura donde no se llega con otras vías de expresión, de exploración. Pronto se dio cuenta de que su deseo no alcanzaba para suplir el déficit de talento. No le bastaba el anhelo, sus ansias de alcanzar la cima escrita. Y desfalleció. Cayó cual Ícaro que se acercara a un sol inalcanzable. Autoexigente, no tuvo dudas de que no era capaz de lo que quería y por lo tanto, en una ecuación de una simplicidad tan escalofriante como tramposa, su vida carecía de sentido: si no puedo ser lo que quiero ser, no seré. Así se lo trasmite a un amigo íntimo, escritor. Éste le viene a decir: ojalá pudiera yo trasmitir con mi escritura lo que tú trasmites con tu fotografía. El veinteañero había comenzado sus escarceos con la cámara, pero era ciego a su propio talento.
En las primeras fotografías que se conservan, Walker se fotografía a sí mismo en formato diminuto, borroso, gris, sumido en sombras. La ventana abierta al lado invitando al salto fatal. Pero no saltó, y murió mucho tiempo después dejando un legado inigualable. Explorando como hubiera querido hacerlo con la pluma. Rimando. Guardando métricas imposibles. Haciendo metáforas inauditas. Adelantándose medio siglo bajo el suelo de la ciudad, en el metro. Delatando la hipocresía de su sociedad. Anunciando cambios que sus contemporáneos no avistaron hasta décadas después. Acabó, enfermo ya, pero con la curiosidad intacta, utilizando la Polaroid. Él, que había tildado el color de grosero. La cámara que resume la banalización de la fotografía es objeto de su atención. Y la eleva hasta el sol, aquel que estuvo a punto de matarle cuando quiso alcanzarlo.
El joven que quería escribir y no sabía que lo que le era dado era ver.
Estuve viendo estas fotos de Diane Arbus hace unas semanas, en la Fundación Mapfre –hasta el 4 de enero del próximo año-. Éstas y otras más, amén de las de otros autores excepcionales de los que iré dejando reseña.
La sede Azca de la Fundación se encuentra en una especie de minicentro comercial del mismo nombre, en la zona de Nuevos Ministerios, en Madrid. Cuando fui era la hora de comer –del almuerzo, seré fino- de un día laborable y los restaurantes estaban abarrotados. Vi la exposición solo salvo al final, que apareció una pareja. El contraste resultaba turbador, pero al mismo tiempo no hacía sino magnificar y refrendar aún más lo que colgaba en aquellas paredes.
Diane se suicidó en 1971, con 48 años, atiborrándose de barbitúricos y cortándose posteriormente las venas. Atendiendo a su obra, solo a su obra, sin entrar en su biografía, no resulta extraño. Trataré en los días venideros de conectar la obra de esta artista y su visión con Valle Inclán, Velázquez, García-Álix o Robert Frank –del que ya hablé aquí-.
Por lo pronto las dos últimas instantáneas de esta serie son de Robert. Estilos distintos con técnicas diferentes nos acercan al mismo lugar: una los ponía a posar hasta arrancar de ellos su entraña más esperpéntica, desoladora, desubicada y monstruosa; con el engaño del consentimiento por parte de quien posaba se efectuaba la extirpación de la víscera y cuando aquella quería darse cuenta se había desangrado delante de un negativo. El otro, Frank, iba con su camarita recorriendo un país de arriba abajo durante un año, como el que no quiere la cosa, y en su recorrido no buscaba el efecto de la pose. Frank era un pistolero rápido, un cirujano preciso de órganos pequeños y vitales. En las fotografías que de él dejo aquí se aprecia el movimiento de su arma.
Acompaño estos dos platos con una guarnición a la altura de las circunstancias: Dino y su Gorrión.
Me voy unos días de viaje y no quiero dejar el cielo ardiendo sobre mi cabeza, así que he de salido al balcón en busca de nuevos decorados y me he encontrado un algodón de azúcar –con pájaro en medio incluido- que acabo de situar al frente de este barco. Lo acompaño con otro de los que no sé qué ven sus ojos. Su biografía, más propia de un guión de cine inverosímil que de la cruda realidad, me hace no querer escribir sobre su vida: es de sobra conocida o es fácilmente conocible; y es tan sencillo caer en lo morboso hablando de estos tipos. Lo mejor, como siempre, es estar atentos a su obra. A lo que nos regalan a quienes no nos atrevemos a asomarnos del todo adonde ellos lo hacen.
De My funny Valentine no voy a decir nada porque a estas alturas queda poco por decir, pero sí de Almost blue. Originalmente compuesta por Elvis Costello –1982-, Chet la graba –veréis que está tomada en directo, otra incredulidad más- casi al final de su vida, y la canta cambiando ligeramente la letra de Costello. Poco más que añadir salvo escucharla. Os dejo la letra que él canta:
Almost blue, almost doing things we used to do There’s a girl here and she’s almost you Almost all the things that your eyes once promised I see in her’s too, now our eyes are red from crying Almost blue Flirting with this disaster became me It named me as the fool who only aimed to be Almost blue, it’s almost touching, it will almost do There is part of me that’s always true, always Not all good things come to an end, now it is only a chosen few I have seen such an unhappy couple Almost me Almost you Almost blue
Una última curiosidad: Chet no sabía leer la música. Para qué, se preguntaría.