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¿gracias?


Esta mañana me han hecho llegar esto de aquí abajo. Viene de Alemania a través de varias manos, pero llega como si fuera nuevo. Cosa de los lenguajes universales.

Valle y Javier: danke...




arenques y caminos



Tres fotos recibidas por móvil. Una desde el avión –arando nubes, añadía el mensaje-; la otra, en pleno cielo murciano -hoy soy un banco de arenques, decía-. Así que subo a los arenques a la cabecera y bajo de ella el cielo frente a la playa de Las mulas de aquel día. La tercera es una pintada en una pared de Granada recogida de noche, cuya trascripción ya ha aparecido aquí antes.

Javi –nubes- y Paco, autores. Gracias.



conjeturas en el aire









Varias imágenes que me asaltan en los paseos urbanos. Por un lado los nombres de las calles; esta que aquí dejo es de Cuevas de Almanzora –Almería-. Por otro lado los esperpentos, las extrañezas, al modo de la de Granada que dejé el 9 de junio. Se trata de una botella de agua mineral enclaustrada en una jaula, en una esquina de una calle cualquiera de Elche. La finalidad, conjeturable, es lo de menos; la imagen es lo que llama mi atención.



Potemkin


He bajado la cabecera del cielo invertido y he subido una hecha ayer en Güejar Sierra, provincia de Granada.

Dos días de viaje en el sentido antiguo y único del término. Las fotografías que dejo son algunos testimonios:

Una vista con nubes desde casa de Laura, donde nos hemos alojado, con un flanco de la ciudad a nuestros pies.

Unas muestras de lo que tengo catalogado en el cuaderno como safari urbano:

El cartel de Bodegas Castañeda junto a la mesa.

El ofertón del día que hemos desaprovechado –ahora lo lamento; debería haber comprado dos repuestos de fregona, qué menos, y volverme a Murcia con ellos, contento de que la vida ponga ante mí semejantes oportunidades-.

Magdalena penitente, de Carlo Sellitto (1581-1614); sigo pensando que es un adelantado a su tiempo.

Los regresos de los grandes viajes son contradictorios. Los recuerdos de lo recién vivido se cruzan en el mismo pasillo con la evidencia de que la cotidianeidad más perentoria y prosaica nos aguarda.

Esta noche espero soñar con leones de piedra, abordajes en barcos de hojalata, guijarros bajo los pies, palocortao un lunes a las once, arroces en la falda de las montañas, botellas verdes sin etiquetas, rosales que pinchan, vallas que se saltan para acceder a cármenes a oscuras, patos confundidos, camisas blancas, pantalones de lino, zapatillas de esparto...

A veces la felicidad viaja en barcos acorazados y estos se encuentran en la esquina de al lado de tu casa. Por qué no entrar.



















Y por supuesto, Helder, Laura: gracias. No sé si sois conscientes de lo que nos habéis regalado.



impudicia

Abro un cajón nuevo: safari fotográfico. Reclasifico la antigua entrada del hongo cromóforo y añado esta. En ella, dos tomas distintas pero unidas por el mismo sentido único. El mundo del comercio es lo que tiene. La primera, en plenas rebajas de enero, regalo de mi amigo Roy -gracias- obtenida en uno de los centro comerciales de nuestra murciana ciudad. Busco en la RAE:

intemporal.

(Del lat. intemporālis).

1. adj. Que está fuera del tiempo o lo trasciende.




El mundo del tejido vaquero, efectivamente, es intemporal.

Las otras, en plena Gran Vía escultor Salzillo. Una tienda de cafés con necesidades sin cubrir. Este domingo pasado, que salí a pasear.






Ya sabéis lo que nos quita el pudor.

cromóforo

Andas por la calle como siempre, como si tal cosa, como si nada.

Antes los caminos hablaban, la gente se saludaba al cruzarse, se miraba, se odiaba o se deseaba calladamente.

Hoy andas gris y cruzas gris pavimento, negro desvaído. Pocos, y no siempre, nos atrevemos a mirarnos en el otro.

Pertinaz para quien mire, el hongo cromático, en un árbol cualquiera de una calle mil veces transitada, porfía en lo suyo: ponerle color a su inercia.

De paso, a la nuestra.